Qué lejos quedan aquellos años en que los vendedores de la ONCE nos repartíamos el trabajo, nos ayudábamos unos a otros. Ahora vivo, y espero que esta página sirva para me ayudeis a superarlo, y si os puedo echar una mano aquí estoy yo, un ambiente de recelos y desconfianza, de delación entre compañeros, de competencia y no de colaboración. Y yo no he nacido para esas cosas tan feas. Y espero que vosotros tampoco.

Corrupción en la ONCE

Hablo de una situación de corrupción en la ONCE. No hace mucho leí un artículo que hablaba de la corrupción. Se refería a Marbella, y concretamente al hecho de que, en las elecciones, salió más votado un candidato corrupto, y lo que claramente decía es que, tanto como los políticos o dirigentes, los votantes son corruptos, por cuanto esperan poder beneficiarse de esa misma corrupción. Y eso es totalmente aplicable a la ONCE.

No es que quiera demonizar a nadie. Ni a los afiliados a la ONCE, cosa que ahora mismo no puedo ser, ni a los ciegos, y no me voy a arrancar un ojo para demostrarlo, ni a los que tienen más movilidad o mejor puesto de trabajo que yo. Pero hay cosas que son evidentísimas: Que en la ONCE, el sistema de asignación de puestos, funciona a dedo. Que la venta, y por tanto las comisiones, depende infinitamente más del puesto que del esfuerzo personal. Que las increïbles diferèncias salariales entre nosotros no son justas. Que nuestro sindicato mayoritario, la UTO-UGT, es la voz de su amo, tan corrupto como los empresarios de Marbella, tan dirigente de la ONCE como el que más. Que menos productos y más buenos, que todos necesitamos vender algún premio de tanto en tanto, por pequeño que sea.

El hecho es que yo nací para vender. Me gusta mi trabajo. Me ilusionó, en tiempos lejanos, el anuncio de la Casa Encantanda. Encantado de servir. Era joven y me creía las promesas. Habrá un quiosco para cada uno. Ahora ya no me puedo creer nada, después del castigo totalmente inmerecido que me están dando, simplemente por haber sufrido determinados cambios personales y familiares inesperados. ¿Y qué me queda por hacer? Mostrar mis encantadoras artes de vendedor en el círculo reducido de ventas que me han dejado y denunciar, como pueda, esta corrupción que planea por encima de mi cabeza, y, míralo bien, de la tuya.

Si no lo ves, si la corrupción ya ha calado en tí, ... no hace falta que participes. A no ser que tu convencimiento sea noble, inocente, discutible, es decir, que no te importe perder esa lacra que nos puede tentar y salpicar a cualquiera. Empieza diciendo cuánto ganas. Mira, yo, que no soy nuevo en la empresa, no llego a mínimos la mayor parte de los meses. Me cuesta Dios y ayuda llegar al 4% que creo que me regatean. Y si alguna vez llego al 10%, lo celebro con champán. No te digo más, porque después todo se sabe.

¿Qué podemos hacer?

Y no es que no quiera descubrirme. Espero acabar descubriéndome. Pero ... ¿por qué no lo hacemos juntos? Aunque nos vean. Aunque nos vean los jefes y los de la UTO. Tú y yo valemos más que todos ellos juntos.

A mí no me importa si estás en mi franja salarial o cobras ... 5, 6 ... veces más que yo. Ojalá que a tí no te importe saber que lo que yo haría sería decir que, en el momento que tu llegues a un supuesto “salario máximo”, ya no serías premiado con más comisión, sino con tiempo libre. Dejarías tu puesto a un paria como yo, sin puesto, para que pudiera ejercer las mismas dotes de vendedor que tienes tú. Y si no llega a conseguir el mismo éxito, mala suerte. Y si eres de los que hace equilibrios para conseguir una determinada comisión, que no tienes segura la del 17%, nos podríamos intercambiar cromos, tablas de cálculo, sistemas para saber cuantos cuantos rascas hay que activar a final de mes para subir la comisión. Son sólo ejemplos, posibilidades.

Ya sé que estoy hablando contra corriente. Que ahora lo que se estila és, como nunca, la puñalada por la espalda, la competencia desde la desigualdad de condiciones, el enriquecimiento personal, el compromiso con la hipoteca más que con el compañero. Es el neoliberalismo que extiende sus malvadas hurpas. Y, como dijo el cantante Manolo García en una entrevista, “héroes, como superman, no existen, pero malvados como los de los tebeos, sí”. Y te repito, yo no tengo ni un ápice de malo. Ahora ... te diré que tampoco soy ningún héroe. Pero a pesar de ser más bien inocente, me subleva la injusticia allá donde la veo, y no puedo más que incitarte a que nos sublevemos juntos.

¿Con quien podemos contar? Hombre, o mujer, yo no he visto demasiado ímpetu ni demasiada claridad, ni posibilidades inmediatas, ni en CCOO, ni en la misma CGT, ni en la mismísima PUEDO. En principio, tiene que haber formas de acelerar cambios en la ONCE. Sumar esfuerzos de manera efectiva. Y si nadie nos hace caso, montar nuestro propio sindicato, intentar una plataforma de sindicatos para desbancar a la UTO, primero en una agencia y en una provincia, luego en otra ... ¿Podemos ir concretando cosas entre tu y yo y quien aparezca más? Concretando lo que cambiaríamos. Ir haciendo sobre la práctica. ¿Conoces algún foro que yo no conozca y que haga innecesario este bloc que me he decidido a abrir?